miércoles, 7 de mayo de 2008

03/05 Ibiza-Es Vedrá

Amanece en Ibiza (11 de la mañana).
La infausta costumbre de Javier de no desayunar y no tomar dulce tiene su parte mala: las injustificables esperas mientras el resto de la tripulación va a "tomarse un café rápido" que suele incluir bollería, prensa y compras... y su parte buena: deja cada mañana el barco como los chorros del oro; su parte útil: da tiempo de poner a cargar en la cafetería todo el equipamiento audiovisual... y su parte inutil: no parece que tales privaciones permitan conservar sine día la cintura de avispa de sus veinte primaveras.

En todo caso partimos, con las compras hechas, los estómagos llenos (incluso el de Pablo, que ya no volvió a vaciarse) y las cámaras cargadas (a Dios gracias, visto lo que nos esperaba) rumbo a la cala de Es Vedrá, a poniente de Ibiza, donde habíamos quedado a comer con el barco de Israel. El almirante se relamía con las posibilidades sociales abiertas por ello. Los demás por el baño-comida (circunstancia que no evitó el tradicional refrigerio a base de banderillas, papas, bollitos de leche...).

Mientras tanto se navegó con buen viento de ceñida (14 nudos) tanto a un lado como a otro del canal, que cruzamos sin problemas por el paso norte (de menos calado que el sur). No se arriaron velas hasta la misma entrada de la cala (de hecho la mayor, cazada, se nos olvidó con el aire remansado dentro de esta y tuvieron que avisarnos de que la quitáramos cuando ya habíamos iniciado el fondeo).
Operativo el molinete, se fondeó perfectamente y se recibió en cubierta a la embajada del otro barco. El plan era entretenerles con abalorios y agua-de-fuego en nuestra cabina, tomar su chinchorro y con el su barco y secuestrar a las sabinas... pero había poco ímpetu para el remo y nos advirtieron que parte de estas habían sido abandonadas en tierra con anterioridad, por lo que perdimos el interés y nos dedicamos al baño unos, a las habichuelas otras.

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